Conferencia "La otra resistencia. Liberales mexicanos en Nueva York 1864-1867" PDF Imprimir E-mail

 

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os liberales mexicanos que se exiliaron en Nueva York, entre los años de 1864 a 1867, lo hicieron por la intervención francesa y la implantación del Segundo Imperio, que, además, compitió con el poderío norteamericano, puntualizó Vicente Quirarte, investigador del Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la UNAM.



 


Al dictar la conferencia: La otra resistencia. Liberales mexicanos en Nueva York 1864-1867, en el marco del curso “La Reforma Liberal en México”, en la Sala de Lectura de la Biblioteca de las Revoluciones de México, el historiador remarcó que los exiliados liberales contribuyeron ampliamente al triunfo de la República.

 

 

 

El ex director de la Biblioteca Nacional de México, recordó que de aquel exilio “de orden supremo”, como lo llamó Guillermo Prieto, queda hoy un buen ejemplo simbólico en el Bryant Park, enclavado en el centro de la ciudad, en la calle 42 y Sexta Avenida, a espaldas de la Biblioteca Pública, con la estatua de cuerpo completo y a tamaño real de Benito Juárez, dijo Quirarte y subrayó: “Juárez nunca vivió en Nueva York, su familia sí lo hizo”.


En 1864 el presidente Benito Juárez y sus ministros Sebastián Lerdo de Tejada, José María Iglesias y Miguel Negrete arribaron a territorio chihuahuense e instalaron el gobierno republicano, mientras Margarita Maza y su hijos se instalaron en Nueva York.

 

¿Quiénes fueron esos mexicanos que por “orden suprema” vivieron el exilio en Nueva York? Francisco Zarco, Sebastián Lerdo de Tejada, Guillermo Prieto, Matías Romero, entre otros, que también formaban parte del Club Liberal mexicano, inaugurado el 16 de octubre de 1864, bajo la presidencia de Benito Quijano, a cuya muerte en 1865, Francisco Zarco pasó a ocupar la presidencia.


Entre sus integrantes se hallaban civiles y militares que pusieron sus talentos y habilidades para continuar la resistencia, entre sus miembros estaban Cipriano Robert, Juan José Báez, Francisco Ibarra, Pantaleón Tovar, Jesús Gonzalez Ortega, Juan N. Navarro, Santiago Vicario, Francisco Elorriaga, Jesus Fuentes Muñiz, entre las más importantes personalidades que conformaron al grupo de exiliados.

 

Sin embargo, advirtió el autor de Anatomía de la urbe, hacia el invierno de 1864, Pepito, un hijo de Juárez, enfermó de pulmonía. Matías Romero, junto con otros funcionarios de la embajada, llegó por tren a Nueva York y fueron a ver a Margarita y a su enfermo, pero Pepito acababa de fallecer. Juárez se enteró del deceso en febrero de 1865.


Sobre aquellos exiliados, sobre la otra resistencia, el miembro de la Academia Mexicana de la Lengua recordó para finalizar las palabras de Martín Quirate, su padre: “si se quisiera explicar en una fórmula simple la razón por la cual los republicanos acabaron por lograr la expulsión de los invasores extranjeros y el triunfo sobre el imperio de Maximiliano, habría que decir que fue la clarividencia de su clase directora la que facilitó la victoria. Generales, diplomáticos y hombres de Estado, poseyeron una capacidad asombrosa para comprender su momento y una intuición pasmosa que les permitió presentir el porvenir. El secreto de su buen éxito consistió en haber sabido crear una conciencia de nacionalidad en un pueblo que no la tenía plenamente lograda al iniciarse la invasión del suelo mexicano por parte de las potencias extranjeras. Jamás dudaron del triunfo final”.

 
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