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Independencia / Comentarios a la "Carta de Jamaica" de Simón Bolivar Imprimir E-mail
Archivo histórico

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Comentarios a la Carta de Jamaica de Simón Bolivar

por el Mtro. Jaime del Arenal Fenochio.

QUÉ NOS DIJO ANTES:

La Carta de Jamaica, célebre documento suscrito por “El Libertador”, Simón Bolívar (1783-1830) en septiembre de 1815, constituye una síntesis del pensamiento bolivariano acerca del estado en que se encontraba la América Española después de haber proclamado su emancipación respecto de España, pero antes de conseguirla efectivamente: la reacción militar realista prácticamente triunfaba en casi todos los países que desde 1808 se habían visto convulsionados por la crisis de la Monarquía española. Es, también, el documento donde Bolívar presenta su enorme proyecto continental en pro de la unidad de los estados que surgirían de la lucha emancipadora.

Escrito durante el exilio en la ciudad de Kingston, en la isla de Jamaica, Bolívar advierte el triunfo tarde o temprano de la lucha y de las ideas que la acompañan: independencia americana, derechos del hombre, gobierno democrático, federalismo, equilibrio de los poderes, leyes a favor de la libertad, congresos, constituciones; y se cuestiona acerca de las alternativas de gobierno sobre las que podrían optar los diferentes países una vez independientes. Sin embargo, el mérito y fama de esta Carta está no sólo en su grito libertario sino en que en ella se plasma con claridad el sueño bolivariano por una América unida, “la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria”. Unión fundada en la identidad de lengua, costumbres y religión, que ligue sus partes entre sí y con el todo”, y que en tanto se fortalezca, debería estar al cuidado de “gobiernos paternales”. Incluso en ella prevé la posibilidad de que el Istmo de Panamá fuera el punto de convergencia de los representantes de todos los países de América.

Testimonio de libertad y del esfuerzo por conseguirla; análisis realista de situaciones que tendrían que superarse; deseo insatisfecho de procurarse un mejor conocimiento de una América entrañable, la Carta de Jamaica advierte las posibilidades de una unión que permitiera superar evidentes debilidades, resultado del abandono, del aislamiento, de la ausencia de relaciones internacionales, y del combate férreo de los realistas. Escrita en medio de la incertidumbre, del fracaso próximo, este texto de Bolívar profundizó en el ser de América para proponerle un camino y un destino, con la fe del que se sabe en la justicia y en la razón.

 

QUE NOS DICE AHORA:

Después de amargas experiencias de aislamiento y división, de historias patrias circunscritas al ámbito de lo estrictamente nacional, por no decir estatal, la América independiente unida que soñó Bolívar no es ni una realidad, ni siquiera un sueño. La única comunidad natural de naciones que existe realmente en un mundo actual que apuesta por la globalización, por formas supranacionales de organización política y jurídica, por mercados comunes y por la disolución de las fronteras, paradójicamente parece distar mucho de un proceso que le permita superar su tradicional aislacionismo y sus gravísimas diferencias regionales. Pareciera que hoy, ni costumbres, lengua y creencias comunes sirvieran para integrar una enorme extensión territorial, ampliamente poblada, que sería no sólo uno de los más grandes mercados del mundo, sino uno de los espacios más fértiles para la creación cultural, para la tolerancia y para la estética que pudieran haber existido en la historia. Independientes sí, pero los países de Iberoamérica parecen haber transitado un camino diferente al soñado por Bolívar en aras de la construcción de estados nacionales fascinados en sí mismos.

Es cierto que ahora se reúnen Cumbres Iberoamericanas y que sigue vivo el espíritu de unidad y colaboración; que hoy esa América independiente que habla español y lenguas indígenas se preocupa por los derechos de los más desfavorecidos, y por proclamar la libertad y la defensa no sólo de los países surgidos hace ya casi 200 años, sino también de los derechos humanos; pero sigue siendo esa América de las profundas y dolorosas desigualdades, “encontrada entre sí”, y, al parecer, todavía tan necesitada de la protección de “una nación liberal”; sobre todo, por desgracia, una América que no percibe sus enormes fortalezas ni sus evidentes “virtudes y talentos” que de no ser por esa inexplicable miopía hace ya mucho tiempo habría podido ser no el Continente de la esperanza sino la mejor alternativa para el desarrollo de una cultura verdaderamente humana y justa. Sin duda, la América que quería Bolívar.