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Discurso del Lic. José Manuel Villalpando Imprimir E-mail
Especiales

DISCURSO DEL LIC. JOSÉ MANUEL VILLALPANDO

 

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Señor Licenciado Felipe Calderón Hinojosa, Presidente de los Estados Unidos Mexicanos; señora licenciada Margarita Zavala; señor Diputado César Duarte Jáquez, Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados.

Señor Senador Gustavo Enrique Madero, Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Senadores; señor Licenciado Guillermo Ortiz Mayagoitia, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Señor licenciado Fernando Gómez Mont, Secretario de Gobernación; señor Licenciado José Ángel Ávila Pérez, Secretario General de Gobierno del Distrito Federal.

Señor doctor Enrique Márquez, Coordinador General de las Conmemoraciones en el Distrito Federal; señor doctor Javier Garciadiego, Presidente de El Colegio de México.

Señoras y Señores.

Hoy estamos aquí reunidos para dejar constancia de nuestra voluntad de recordar dos acontecimientos fundamentales en la experiencia histórica de nuestra Nación.

El año próximo, México conmemorará 200 años del inicio de Independencia Nacional, y 100 años del inicio de la Revolución Mexicana.

Corresponde a los mexicanos de hoy, rememorar esas fechas históricas. Y existen razones poderosas para hacerlo: no sólo por el recuerdo ni por el festejo, sino por la oportunidad de revivir los ideales y valores que dieron sustento a nuestra Independencia y a nuestra Revolución.

También, al ser la historia rectora una maestra de la vida, las conmemoraciones de 2010 nos permitirán reconocer las equivocaciones del pasado, para no errar de nuevo.

Porque no se trata de celebrar sólo el pasado, sino la continuidad de la Patria mexicana, y más aún, construir un mejor país para el mañana. Por eso, es necesario reflexionar sobre las causas, valores e ideales de los movimientos de 1810 y 1910.

Pero sobre todo, apreciar el significado de esas propuestas, para actualizarlas y proyectarlas en nuestros días y hacia el futuro.

Porque son ideas, principios y valores que dan sentido a la vida de un pueblo, que a través de los siglos, siempre ha buscado mejores niveles de vida.

Los mexicanos de hoy tenemos el derecho generacional de conocer, examinar e interpretar nuestra historia.

Cambian los tiempos, cambian las culturas, se mejora el acceso a las fuentes de información, se hacen nuevos descubrimientos y hallazgos. Las interpretaciones de hoy no son iguales a las de ayer, aunque el hecho histórico sea el mismo.

Hoy, además, la libertad y la pluralidad de versiones, enriquece el conocimiento del pasado.

El nuevo reto es partir de todos los puntos de vista para construir entre todos el futuro.

Y para ello, es necesario que los mexicanos conozcamos mejor nuestra historia, particularmente nuestros niños y niñas, como paso indispensable para que puedan conocer y amar a México.

Debemos promover entre ellos, el significado y la importancia de la Independencia y de la Revolución.

Pero también deben participar los jóvenes, los adultos y quienes acumulan años y experiencias; las mujeres y los hombres, de todas las condiciones y todas las convicciones, porque en este país la diversidad es, precisamente, el común denominador.

Todos tenemos diferentes sentimientos e ideas; pero todos estamos en aptitud de aportar algo para mejorar a México, porque no hay nadie que no sea parte de la historia de nuestra Patria.

Todos formamos parte de esa historia: algunos de nosotros han heredado el pasado mexicano desde sus tiempos inmemoriales, con el orgullo de saberse descendientes de los habitantes originales; otros muchos más, en su sangre llevan la fusión de dos culturas; hay quienes tienen sólo pocas generaciones de pertenencia al país.

Y no olvidemos tampoco a los mexicanos que viven más allá de nuestras fronteras, ni tampoco a los que viven separados por la pobreza.

Unos y otros son parte de la Patria, y tienen derecho a conocer nuestra historia.

Porque en 2010 hablaremos de ese pasado común, y recordaremos a quienes nos dieron Patria y libertad, a quienes nos legaron las nociones de igualdad, de justicia y democracia.

Será entonces el tiempo propicio para evocar cuando Miguel Hidalgo dio el Grito de Independencia en Dolores, y cuando Madero inició la Revolución, proclamada en el Plan de San Luis.

Pero también, será el momento oportuno para recordar a todos los héroes de esos movimientos sociales, porque a todos debemos memoria y gratitud. A los héroes que conocemos y a la multitud de héroes anónimos; a los héroes nacionales y a los que se recuerdan en las regiones; al puñado de héroes cuyos nombres recogieron los libros de historia; pero sobre todo, a los cientos de miles, de quienes sólo sabemos que combatieron y murieron en los campos de batalla.

Señoras y señores; señor Presidente:

Las conmemoraciones centenarias del 2010, exigen que todos los mexicanos contribuyamos a la celebración de la Patria. Y para hacerlo necesitamos de la unidad. Y la unidad tiene como base la voluntad, tal y como la tuvieron quienes nos antecedieron en las jornadas insurgentes y revolucionarias.

De ellos, recibimos el ejemplo de su compromiso y su valor para alcanzar un México mejor. A nosotros nos corresponde ahora la misma tarea, con la misma emoción y entrega.

Por eso nos hemos reunido hoy, para anunciar un testimonio material que muestre nuestra voluntad compartida de conmemorar el pasado y de mirar hacia el futuro.

Para que la posteridad registre que los mexicanos que vivimos el Bicentenario de la Independencia, y el Centenario de la Revolución, no sólo recordamos la historia, sino que también cumplimos con la responsabilidad de hacer historia.

Muchas gracias.